Cuando todo falla: por qué el voluntariado sigue siendo imprescindible en las crisis

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Las crisis pueden ser pandemias, catástrofes naturales
o problemas económicos.
En estos momentos, muchas personas necesitan ayuda y apoyo.
Los servicios públicos trabajan para atender estas necesidades.
Pero en una crisis puede haber muchas necesidades
y es difícil atenderlas rápido.
Por eso, muchas personas se organizan para ayudar a otras personas.
Esto también es voluntariado.
Las personas voluntarias pueden acompañar,
ayudar y detectar nuevas necesidades.
El voluntariado no sustituye a los servicios públicos.
Pero ayuda a que las personas no se sientan solas o abandonadas.
Por eso, es importante cuidar y apoyar el voluntariado
también en los momentos en los que no hay una crisis.
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En el marco del Año del Voluntariado, Plena inclusión Comunidad Valenciana dedica cada mes un espacio a reflexionar sobre el valor de la participación voluntaria. Este mes hablamos de su papel en situaciones de crisis y emergencias.

Hay momentos en los que una sociedad se pone a prueba. No son los momentos de la rutina, sino aquellos en los que algo se rompe: una pandemia, una catástrofe natural, una crisis económica o cualquier otra situación que desborde lo previsto.

En estas circunstancias, los servicios públicos tienen que responder a un gran número de necesidades al mismo tiempo. Sus recursos, procedimientos y tiempos de actuación tienen límites. Y cuando la realidad avanza más rápido que la capacidad de respuesta, la sociedad también se moviliza.

Es entonces cuando el voluntariado adquiere un papel especialmente importante.

Una respuesta que nace de la sociedad

Ante una situación de emergencia, muchas personas se organizan para ayudar. Algunas lo hacen a través de entidades sociales y otras se movilizan de manera espontánea junto a sus comunidades.

Todas estas iniciativas tienen algo en común: la voluntad de actuar ante una necesidad concreta.

El voluntariado no sustituye a los servicios públicos ni debe asumir responsabilidades que corresponden a las administraciones. Su papel es diferente. En situaciones de crisis puede ayudar a cubrir necesidades inmediatas, acompañar a personas y detectar situaciones que todavía no han llegado a los circuitos habituales de atención.

Su valor está, entre otras cosas, en su capacidad para:

  • Acompañar a las personas cuando necesitan una respuesta cercana.
  • Llegar a lugares o situaciones donde todavía no se ha desplegado una respuesta formal.
  • Detectar necesidades que pueden quedar fuera de los registros habituales.
  • Activar redes de apoyo en barrios y comunidades.
  • Ofrecer presencia y acompañamiento en momentos de incertidumbre.

Cuando lo importante es que haya alguien cerca

En una emergencia, la intervención profesional es imprescindible. Pero también lo es la presencia de otras personas.

Contar con alguien que acompañe, que pregunte qué se necesita, que ayude a encontrar una solución o simplemente que esté cerca puede cambiar la manera en que una persona vive una situación difícil.

El voluntariado contribuye así a evitar una de las consecuencias más duras de cualquier crisis: la sensación de abandono.

Porque una emergencia puede generar dificultades y desorganización. Lo que no debería generar es soledad.

Una red que también necesita cuidados

Sin embargo, el voluntariado no aparece por arte de magia. Para que las personas puedan participar y las entidades puedan movilizar sus redes hacen falta determinadas condiciones: tiempo, motivación, confianza y estructuras capaces de organizar y acompañar la participación.

Por eso, no podemos dar por hecho que siempre habrá personas voluntarias disponibles cuando llegue una emergencia.

Las personas voluntarias también necesitan apoyo, formación y reconocimiento. Las entidades necesitan recursos y capacidad para organizar la participación. Y la sociedad necesita seguir construyendo una cultura de solidaridad y participación.

El riesgo de pensar que siempre habrá alguien

Después de una crisis, es fácil recordar las redes de solidaridad que surgieron para ayudar. Sin embargo, existe el riesgo de pensar que esas redes estarán siempre disponibles.

No es así.

Las personas se cansan. Las circunstancias cambian. La participación depende del contexto social. Y las redes de apoyo necesitan tiempo y cuidados para mantenerse.

Por eso, fortalecer el voluntariado también significa preparar a la sociedad para responder mejor cuando lleguen situaciones inesperadas.

El voluntariado también es una red de apoyo

En este Año del Voluntariado, Plena inclusión Comunidad Valenciana quiere reconocer la importancia de todas las personas que dedican parte de su tiempo a acompañar, apoyar y participar en la vida de otras personas.

El voluntariado no resuelve por sí solo una crisis. Tampoco debe sustituir las responsabilidades de los servicios públicos. Pero puede hacer algo imprescindible: conseguir que, incluso en los momentos más difíciles, las personas no tengan que afrontarlos solas.

Porque cuando todo falla, saber que hay alguien cerca también es una forma de protección.

Desde Plena inclusión Comunidad Valenciana seguimos poniendo en valor el voluntariado como una forma de participación, solidaridad y compromiso con una sociedad más inclusiva.

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